/ juegos

Chrono Trigger y la conspiración de los reptilianos

Mucho antes de que internet se llenara de conspiraciones globales de reptilianos, un JRPG de Super Nintendo ya lo imaginaba. En 1995, Chrono Trigger presentó a los Reptites: una civilización que gobernaba la Tierra millones de años antes que la humanidad.

Chrono Trigger y la conspiración de los reptilianos

A principios de la década del noventa, David Icke, un mediocre exfutbolista inglés devenido en periodista deportivo, comenzó a visitar los programas de televisión británicos convencido de que era el “Hijo de Dios”, porque una médium a la que visitó le había asegurado que había venido al mundo con una misión espiritual trascendental. Icke, un reconocido neonazi negacionista del Holocausto, llenó horas de pantalla y escribió más de treinta libros promoviendo diversas teorías conspirativas, siendo la más llamativa (y delirante) la de que una raza alienígena de seres reptilianos de la galaxia Alfa Draconis migró a nuestro planeta hace millones de años para manipular la evolución, fundar civilizaciones y gobernar el mundo desde las sombras. Según Icke, estos seres se alimentan de nuestras inequidades, caminan entre nosotros tomando aspecto humano y componen una élite de seres cambiadores de forma que incluye desde banqueros y presidentes hasta estrellas pop.

Esta teoría fue combustible para cientos de blogs y canales de YouTube. Todos hemos pasado alguna hora aburrida de nuestras vidas viendo videos de Mundo Desconocido, rankings de Dross o esos con el canto gregoriano Dies Irae sonando de fondo que muestran cómo el guardaespaldas de Barack Obama tiene cabeza de lagarto o Katy Perry cambia las pupilas de sus ojos frente a cámara.

En 2016, según una encuesta de Public Policy Polling, unos 12 millones de estadounidenses estaban convencidos de que los reptiloides gobernaban su país.

Parecía material destinado únicamente a funcionar como disparador de charlas entre amigos fumados y desaparecer a la mañana siguiente. O debería haberlo sido. En 2016, según una encuesta de Public Policy Polling, unos 12 millones de estadounidenses estaban convencidos de que los reptiloides gobernaban la humanidad. No debería llamar la atención en un país donde señores con cabeza de búfalo asaltaron el Capitolio de los Estados Unidos o familias enteras viven en búnkers por miedo a una guerra nuclear. En 2020, Anthony Quinn Warner hizo explotar un vehículo en Nashville convencido de que estaba “cazando reptilianos”. Las investigaciones posteriores revelaron que creía que figuras políticas como Bill Clinton y Barack Obama eran alienígenas disfrazados. La teoría de Icke ya era capaz de modelar la percepción de la realidad.

Las conspiraciones de los Templarios, Las mujeres son brujas, el hombre nunca pisó la luna o las canciones de Kiss tienen mensajes satánicos si las escuchas al revés. Las teorías conspirativas existen casi desde que el ser humano comenzó a comunicarse. Desde conspiraciones políticas hasta religiosas. Hoy muchas de estas ideas abandonaron el nicho conspirativo para filtrarse lentamente en discursos cotidianos. 

"La sabiduría del tonto no te hará libre"

Para la psicóloga Gabriela Dueñas:

“Las teorías de la conspiración ofrecen un alivio psicológico: canalizan nuestra ansiedad hacia un enemigo claro y externo. Ya no nos sentimos abrumados por un malestar difuso, sino que tenemos una misión épica: desenmascarar a los malos”.

Ahí reside gran parte de su atractivo. Las conspiraciones simplifican el caos. Polarizar entre "buenos" y "malos" ayuda a poder ubicarnos en una posición tajante. Si el mundo se vuelve demasiado complejo, entonces debe existir alguien controlándolo.

El politólogo Joseph E. Uscinski, autor de American Conspiracy Theories, explicó que:

“Las conspiraciones son para perdedores porque quienes están fuera del poder utilizan teorías conspirativas para alertar estratégicamente a su bando sobre el peligro, para cerrar filas y para curar sus heridas”.

Es la misma lógica que lleva a los hinchas de fútbol a imaginar una “mano negra” detrás de cada derrota o a ciertos dirigentes políticos a denunciar fraude cuando los resultados electorales no los favorecen.

Muchas de estas teorías paranoicas maridan con terapias alternativas, pseudociencias y discursos New Age porque todas comparten un mismo núcleo: la desconfianza hacia las instituciones. Como explicó el biólogo Diego Golombek:

“En una sociedad capitalista se generan recelos y sospechas. ¿Y por qué debería creer en la ciencia? Deben ser los mismos que me mienten con todo el resto”.

En esta misma línea, la comunicadora y divulgadora científica, Agostina Mileo escribió:

“En la modernidad, las ciencias fueron presentadas como el reemplazo racional y definitivo de las creencias místico-espirituales-esotéricas. 150 años después, el mundo es cada vez más desigual y las ciencias, al estar institucionalizadas, tienen una relación inextricable con esta desigualdad”.

El ascenso de figuras “outsiders” en la política, el desprecio hacia la cultura y el ataque sistemático contra la educación y la ciencia forman parte del mismo ecosistema que recompensa la ignorancia y empodera idiotas en detrimento de saberes que son comunitarios.

En un capitalismo fallido, los culpables pueden ser reptilianos, aliens, científicos o sociedades secretas. Cualquiera, menos los capitalistas.

¿Jugó Icke a Chrono Trigger?

Seguramente Icke no jugó Chrono Trigger o, si lo hizo, no lo entendió. El juego de SquareSoft, creado por el dream team japonés compuesto por Hironobu Sakaguchi (Final Fantasy), Yuji Horii (Dragon Quest), Akira Toriyama (Dragon Ball) y Nobuo Uematsu, presenta una versión del mito de los reptiloides mucho más filosófica y menos aterradora.

Crono y nuestro grupo protagonista de viajeros en el tiempo caen en el año 65.000.000 a.C. y se topan con unos seres con forma de reptiles que los atacan hasta que son ayudados por Ayla, humana de la aldea de los Laruba. Ella nos cuenta que estos seres son los Reptites y están en guerra con su pueblo.

Fuente: Medium.

Los Reptites y Azala, su líder, no nacen de la conspiranoia contemporánea, sino de un imaginario muy anterior: dinosaurios, serpientes míticas, civilizaciones perdidas y la posibilidad de una especie más antigua y desarrollada que la humanidad (construyeron un enorme castillo de piedra en una era donde los humanos apenas habían descubierto el fuego). Son una civilización que existía antes y que, de no ser por la caída de Lavos a la Tierra, seguiría aquí (uno de los finales alternativos muestra esto).

Su guerra tribal entre Laruba y Reptites es por supervivencia y recursos. Cuando asumen que la catástrofe es inevitable y la “estrella roja” (Lavos) chocará con la Tierra, no abandonan esa pulsión de vida y continúan luchando porque, aunque no se pueda escapar de la muerte, no pueden negarse a vivir. Al ser derrotada, las últimas palabras de Azala hacia Ayla fueron: “Cuiden la Tierra”. Resulta difícil no pensar en el final de Dinosaurs, emitido ese mismo 1995, donde Earl Sinclair comprende demasiado tarde que sus acciones provocaron una glaciación irreversible. Tanto en Dinosaurs como en Chrono Trigger, el mito de una raza de reptiles ancestrales sirve como fábula melancólica sobre lo efímera y frágil que es nuestra existencia y funciona para bajar un mensaje no solo ecologista sino también, a pesar de tratarse de lagartos gigantes, muy humanista y comunitario.

El mito de una raza de reptiles ancestrales sirve como fábula melancólica sobre lo efímera y frágil que es nuestra existencia.

Antes que estos ejemplos, en la cultura pop, existieron los Silurianos, una raza de similares características que apareció en un capítulo de la eterna serie Doctor Who y que, en 2018, dio nombre a la “Hipótesis Siluriana”, llevada a cabo por Gavin Schmidt, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales, y el astrofísico Adam Frank, de la Universidad de Rochester. Ambos publicaron su hipótesis siluriana, que postula la posibilidad de que una civilización de seres reptiles habitara la Tierra hace 56 millones de años y provocara un cambio climático que marcó el fin del Paleoceno y el inicio del Eoceno.

“Aunque dudamos mucho de que existiera alguna civilización industrial anterior a la nuestra, plantear la pregunta de una manera formal que articule explícitamente cómo podrían ser las pruebas de tal civilización plantea sus propias preguntas útiles relacionadas tanto con la astrobiología como con los estudios del Antropoceno”.

David Icke toma todos estos mitos y leyendas y los reformula con una fuerte dosis de paranoia contemporánea. Su teoría ofrece una narrativa simple: enemigos ocultos detrás de élites visibles. De ese modo, ansiedades complejas (crisis económicas, tensiones geopolíticas o transformaciones sociales difíciles de comprender) quedan reducidas a un adversario concreto, inteligible y casi invencible, sumado a la falacia de poseer un conocimiento que pocos tienen, de que "sabés" un secreto que los gobiernos y las élites esconden pero que vos, después de verte un par de reels, lo descubriste.

Pero Chrono Trigger no va solo de reptiles, sino también del fin del mundo, y para eso debemos volver (o avanzar, dependiendo de la línea temporal desde la cual estés leyendo esta nota) al año 1999.

1999: El año de Lavos y el Y2K

Después de millones de años alimentándose en lo más profundo de la superficie terrestre, Lavos emerge en 1999 provocando un cataclismo que acaba con gran parte de la población y nos salva del auge del Nu Metal. Bueno, no. Crono y sus amigos alteran la línea temporal, logran derrotar a Lavos salvando al planeta, pero teniendo que tolerar que los adolescentes del nuevo milenio usen pantalones largos, gorras y escuchen Limp Bizkit (era mejor el cataclismo).

Hoy el Y2K suele recordarse con cierta ternura retrofuturista, pero quienes atravesamos ese 1999 recordamos bastante bien el clima de paranoia tecnológica que rodeaba el cambio de milenio. Existía un miedo genuino a que sistemas informáticos colapsaran, aviones cayeran del cielo y la infraestructura global se derrumbara porque las computadoras no sabrían interpretar el paso del 99 al 00. A mis diez años, llegué a sentarme frente a la computadora familiar un 31 de diciembre para adelantar manualmente la fecha de Windows y comprobar si el Apocalipsis comenzaba antes de las doce.

Fuente: Old Game Hermit.

En paralelo, el nombre de Nostradamus aparecía constantemente en televisión. Sus famosas cuartetas eran interpretadas como advertencias sobre el fin del mundo inminente y el año 1999 ya funcionaba dentro del imaginario popular como una fecha maldita. Nunca sabremos si el equipo de SquareSoft leyó realmente a Nostradamus o simplemente entendió que no existía mejor escenario para ambientar el fin de la historia humana que el borde mismo del nuevo milenio. Nadie había vivido un cambio de milenio y ese pequeño resquicio de desconocimiento liberaba la imaginación (y la paranoia). En esa época también salieron películas como Independence Day o Armageddon, que también explotan el miedo a que algo o alguien del espacio exterior llegue para acabar con el planeta, aunque con la espectacularidad hollywoodense que la caracteriza.

En Chrono Trigger el fin de los tiempos no es religioso. No es The Rapture o Ragnarok. Nuestros pecados no provocaron la ira de los dioses y pagamos por ello. Lavos es un organismo parasitario cósmico lovecraftiano (algo parecido al IT de Stephen King) que llegó hace millones de años, las civilizaciones no saben que existe y no se puede hacer nada para evitar que emerja. Otro aspecto interesante es que el grupo protagonista no actúa impulsado por intereses personales. Crono, Marle y Lucca viven en el año 1000, el Día de Lavos ocurrirá casi un milenio después de sus vidas. No están salvando a sus hijos, a sus nietos ni a su propia civilización. A diferencia de Sarah Connor en Terminator, que lucha para garantizar la supervivencia de su hijo y de la humanidad futura, los protagonistas de Chrono Trigger actúan porque han visto las consecuencias del cataclismo y entienden que no pueden permanecer indiferentes. Salvan un futuro que nunca habitarán, para personas que jamás conocerán. En ese sentido, Chrono Trigger mantiene su lógica comunitaria: el bien común no se limita al cuidado de los nuestros, sino que incluye también a quienes viven lejos de nosotros, en otros lugares y hasta en otros tiempos.

Chrono Trigger entre la leyenda y la verdad

Chrono Trigger toma mitos, tropos y leyendas de todas las líneas temporales y, al igual que hace con los reptiloides, los amolda a su mensaje, a sus personajes y su historia. Los viajes temporales suelen ser terreno fértil para agujeros de guión, paradojas imposibles o resoluciones mágicas. Chrono Trigger, simplifica el problema. El juego nunca intenta explicar obsesivamente si existen líneas temporales paralelas o qué sucede si alguien pisa un mosquito en la prehistoria. Lo importante no es la mecánica exacta del viaje temporal, sino la idea de que incluso frente a un destino aparentemente inevitable todavía vale la pena actuar.

Chrono Trigger insiste en algo mucho más difícil de aceptar: que nadie controla realmente el mundo y que el futuro se construye a partir de pequeñas decisiones humanas, accidentales y profundamente imperfectas.

En Chrono Trigger, la fantasía medieval clásica convive con un futuro postapocalíptico donde la humanidad vive encerrada en domos, aislada de un planeta al que teme. Aquí los robots no buscan la destrucción de la raza humana como en Terminator, sino que están tan abandonados y rotos como los humanos y funcionan como restos melancólicos de un futuro perdido. Marle es la princesa en apuros. Sin embargo, en lugar de pasarnos todo el juego recorriendo castillos y derrotando villanos para rescatarla, la “salvamos” durante la primera hora de aventura. Del mismo modo, el Reino de Zeal funciona como una especie de Atlántida mágica: una civilización avanzada, poderosa y legendaria que desapareció sin dejar rastros aparentes. Allí ocurren algunos de los acontecimientos más importantes de la trama, pero su existencia nunca se convierte en el gran secreto que explica la historia del mundo. En el futuro, Zeal es poco más que una leyenda olvidada y la humanidad continúa avanzando sin interés por sus ruinas ni por los vestigios de su antigua grandeza.

El mejor ejemplo de esa deconstrucción de mitos quizás sea Frog. Parece construido a partir de todos los elementos del héroe legendario: un guerrero maldito, una espada sagrada, un mentor caído y una búsqueda de redención. Porta la Hero Medal, empuña la legendaria espada Masamune y hasta recibe el beso de una princesa. Pero el hechizo nunca se rompe. Frog no recupera mágicamente su humanidad ni se convierte en un héroe legendario. Es sólo un personaje secundario.

Sierra, LucasArts y Monkey Island: el origen de los videojuegos de aventura gráfica
¿Sabías que para que existiera Monkey Island hizo falta un loco de las cuevas, una proto-internet antisoviética y el divorcio de George Lucas? Sumate a un viaje por la historia de la aventura gráfica.

Ni siquiera Crono, el protagonista silencioso sobre el que el jugador proyecta su identidad, escapa a esa lógica. Muere enfrentando a Lavos y el juego permite continuar sin revivirlo jamás. En cualquier otro JRPG de los noventa eso habría sido imposible. Chrono Trigger entiende que nadie es indispensable. Si en El Eternauta el héroe es colectivo, en el juego de SquareSoft es un héroe contingente. No surge de profecías sagradas ni destinos marcados sino que surge de las decisiones que tomamos: perdonar o no a Magus, revivir o no a Crono o decidir cuándo enfrentar a Lavos. Es cómo reaccionamos y atravesamos los momentos aunque el final sea inevitable. 

Mientras las conspiraciones necesitan enemigos absolutos y poderes ocultos, Chrono Trigger insiste en algo mucho más difícil de aceptar: que nadie controla realmente el mundo y que el futuro se construye a partir de pequeñas decisiones humanas, accidentales y profundamente imperfectas.

Sumate a 421 →